17 sep 2011

21.10.2012 19:49

Los tiempos de la paz y de la gloria están a las puertas

Sábado, 17 de Septiembre del 2011, a las 18:50 hrs.

 

Mi muy querida hija, por fin entiendes ya, que cuando te sientes rechazada, es sencillamente un espejo de Mi propio sufrimiento. Si estás unida a Mí, como ya lo estás, esto será, a partir de ahora, parte de tu vida. Si los hombres rechazan los mensajes que tú haces públicos, están rechazando Mi Santísima Palabra. Cuando los ponen en duda y los encuentran incorrectos, me critican a Mí. Cuando te miran con desprecio, me ridiculizan a Mí. Cuando se ríen de estos mensajes, me crucifican de nuevo.

 

Lo que tú sientes es solo una porción del sufrimiento que padezco, cuando veo, con profunda pena, la ceguera de los hombres ante la verdad de la existencia de Mi Padre Eterno. El dolor y la pena profunda que siento son muy intensos, cuando tengo qué ver los pecados de los hombres, incluidos los pecados de los creyentes. Este tormento casi nunca acaba, pero se ve aliviado por el sufrimiento de las almas que expían. También se mitiga con el amor que Mis seguidores me muestran con su devoción hacia Mí.

 

Hija Mía, aunque necesito el sufrimiento para salvar a otras pobres almas desdichadas, no es algo que me produzca alegría. Me parece doloroso contemplarlo, pero me siento consolado con ello. Tienes que aprender tantas cosas, hija Mía, que te cuestan entender. Los caminos del Reino de Dios no pueden ser entendidos por los hombres. Algún día los entenderán.

 

Sabed esto, hijos Míos: Los tiempos difíciles que han tenido que soportar los hombres desde hace siglos, llegan a su fin. Este es un mensaje de alegría para aquellos que demuestran su amor al prójimo y que así me aman. Esto también acabará, al fin, con el sufrimiento que soporto porque os amo a todos. Este amor es fuerte y fluye de Mí sin cesar y será la causa de vuestra salvación definitiva.

 

Ve ahora, hija Mía, y acepta con más comprensión el sufrimiento en tu corazón. Alégrate, porque los tiempos de la paz y de la gloria están a las puertas.

 

Vuestro amante Amigo y Salvador, Jesucristo,

Rey de la humanidad