26 sep 2011

21.10.2012 20:00

Mirada a Mi Crucifixión

Lunes, 26 de Septiembre del 2011, a las 23:45 hrs.

 

Mi muy querida hija, hoy por la tarde has tenido por primera vez una mirada a Mi Crucifixión que te sorprendió. Pero lo que te he manifestado es de enorme importancia.

 

Muchos creyentes tibios creen que Yo, cuando fui crucificado, por ser el Hijo de Mi Padre, de algún modo no sufrí el dolor corporal como lo habría sufrido cualquier hombre. Son también de la opinión de que, por Mi condición Divina, no tuve miedo o no habría podido tenerlo, por la fuerza que recibí de Mi Padre.

La verdad es bien distinta. Yo me sentí muy solo y tuve miedo. El tiempo que pasé en el huerto (de Getsemaní) fue horrible debido a Mi naturaleza humana. No olvides que vine al mundo hecho carne. Yo tuve los mismos sentimientos de dolor y de sufrimiento, exactamente los mismos, que cualquier otra persona. Muchos hombres no entienden esto.

Me sentí abandonado por Mi Padre Eterno, y en cierto modo, Mis apóstoles lo dieron por hecho, y no hicieron nada para consolarme durante estas terribles horas.

Cuando estaba frente a Mis verdugos, temblaba de miedo y apenas podía responder a sus acusaciones. Me sentía como se sentiría cualquier persona que se enfrentara a una cruel ejecución. Mi dignidad se mantuvo intacta, por el sacrificio que sabía que tenía que hacer por la humanidad. Paradójicamente, lo sé, también sentí a pesar de todo, amor y alegría en Mi Corazón durante este padecimiento, pues sabía que Mi Muerte os salvaría a vosotros, hijos Míos, para toda la eternidad. Pero ahora quisiera que os preguntarais, cuántos de vosotros podéis ser salvados por Mi muerte en la cruz, quién quiere ser salvado y si realmente entiende la trascendencia de esto.

Porque por Mi muerte, los hombres ya pueden entrar en el Cielo. ¿Saben también, que esto será por su propia elección y mediante el libre albedrío que se les ha dado? La Fe en Dios Padre debe estar para vosotros en primer lugar. Venid primero a Mí y Yo os llevaré a Él. Acatad Mis enseñanzas, que les fueron dadas a través de la Sagrada Biblia. Amad a vuestro prójimo. No compliquéis vuestra Fe. Tened una visión equilibrada de vuestra Fe. Amadme, rezadme, adoradme. Permitid que Yo os ame con Mi Corazón lleno de ternura. Así, Mi Presencia Divina podrá inundar vuestras pequeñas y queridas almas. Yo soy vuestro. Vosotros sois Míos, hijos. Es así de sencillo.

Cuanto más recéis, más os acercaréis a Mí y más estrechamente se entrelazará vuestro corazón con el Mío.

Vuestro Jesús,

Redentor de la Humanidad