21 nov 2010

19.09.2012 23:34

Conversión

Domingo 21 de noviembre del 2010 a la 01:30 hrs.

 

Hoy, hija Mía, traigo un mensaje de esperanza y paz para todos Mis hijos que pueden sentir que estos mensajes aparentan miedo. Sabed que no debéis preocuparos, ni siquiera los que encontráis difícil creer en Mí, en Mi Padre Eterno y en el Espíritu Santo. Muchos de vosotros, Mis queridos hijos, queréis creer, pero por vuestro razonamiento y lógica, con los que evaluáis todas las cosas según el pensamiento racional, encontráis difícil creer en lo sobrenatural.

 

No temáis. Rezando, aunque sea una vez al día y pidiéndole a Mi Sagrado Corazón que derrame Mi Amor sobre vosotros, pronto os sentiréis diferentes. Muchos de vosotros -los que sois tibios en vuestras creencias- envidiáis a los que tienen una Fe profunda. Debéis entender que os amo a todos. Como padre, cada uno de vosotros tiene un lugar profundo y especial en Mi Corazón. Nunca debéis sentir que no sois dignos de Mi Amor.

 

¿No os amé hasta el punto de que Yo di Mi vida gustosamente por vosotros con la esperanza de daros una segunda oportunidad de venir a Mí?

Hijos, vosotros siempre seréis apartados por otros por expresar vuestra Fe en vuestro Divino Creador. Cuando esto suceda, acordaos de que esto es algo que el hombre debe sufrir en esta tierra por su amor a Mí. Nunca dejéis que esta Fe en Mí, vuestro Divino Salvador, se desvanezca o se oculte de aquéllos que os miren con lástima.

 

Sí, muchos de Mis hijos, influenciados por el razonamiento y la lógica humanas, puestas deliberadamente en sus cerradas almas, cuestionarán vuestras creencias. Y para mayor ofensa, estarán desconcertados por vuestra Fe y, aunque ellos no lo admitirán públicamente, sentirán unos celos curiosos. Estos celos surgen de la certeza que tienen en su interior de que dentro de ellos hay un vacío. No importa cuánto se observen a sí mismos, no pueden entender por qué les ocurre esto. Mientras tanto, vosotros los creyentes, sufriréis humillación por parte de los ojos azorados de los que os miren sin Fe o con Fe débil.

 

Nunca estéis temerosos o avergonzados de confesar el amor que tenéis en vuestros corazones por Mi Padre Eterno. Sed abiertos respecto a vuestra Fe. Lucid vuestro amor por Mí con orgullo, para que todos lo vean. Si hacéis esto, estaréis destacando con vuestro ejemplo.

 

Nunca os excedáis tratando de imponer agresivamente vuestras creencias a los no creyentes, usando el razonamiento lógico. A cambio, mostrad amor y apoyo a vuestros hermanos y hermanas, aunque sepáis que necesitan orientación. Cuando vean la manera franca en la que expresáis vuestro amor por Mí, abiertamente y con gozo en vuestro corazón, empezarán a hacerse preguntas.

 

Si guiáis a los demás dando ejemplo de amor, respeto y buenas acciones, ellos serán llevados hacia la luz. Muchos no entenderán por qué, al principio. Pero con el tiempo y especialmente con el poder de vuestras oraciones, ellos caminarán hacia Mí.

 

Os urjo a todos a rezar por la conversión de las almas. También por las de vuestros conocidos, los que creáis que necesitan oración por las dificultades que encuentran en esta vida. Rezad también por la conversión de aquellos pobres hijos que están perdidos para Mí por culpa de la oscuridad que les ciega y no les deja conocer la verdad. Rezad especialmente por aquéllos que siguen activamente el camino del Seductor. Ellos, más que nadie, necesitan vuestras oraciones.

 

Explicad a todos con los que entréis en contacto cómo cada uno de ellos se puede redimir, incluso a la hora de la muerte, rezando la coronilla de la Divina Misericordia.

 

Por favor, dad esta oración a todos los que quieran escucharos. Urgidles, si os atrevéis, a que la lean y la memoricen, porque si lo hacéis y ellos la rezan durante su último aliento, podrán ser salvados por Mí, y lo serán.

 

Nunca os avergoncéis de las cruces que lleváis

Nunca os sentáis insultados cuando los no creyentes se rían y se burlen de vosotros cuando recéis. Nunca os avergoncéis de las cruces que lleváis para vuestra protección. No escondáis estos símbolos del amor que sentís por Mí, vuestro Divino Salvador, Mi Padre Eterno y el Espíritu Santo. Llevando estas insignias de santo honor, guiaréis a otros hacia Mí. A pesar del desprecio que vosotros podáis experimentar externamente, esta gente os envidia interiormente por vuestra Fe. Muchos de los que os observan sienten un gran vacío por dentro, debido a su falta de Fe. La oración, hijos Míos, puede ayudarme a ganar sus almas otra vez. Decid esta oración por ellos:

 

“Querido Señor, yo te extiendo mis brazos para pedirte que acojas a mi querido/a hermano/a en Tus amorosos brazos. Bendíceles con tu Sagrada Sangre y concédeles las gracias necesarias para permitirles recibir el espíritu de Tu amor y que les guíe a la salvación eterna.”

 

Cuando vosotros, Mis creyentes, seáis desafiados abiertamente por otros por culpa de vuestra Fe, decid primero esto. Soy un seguidor de Cristo, Quien sufrió la muerte en manos de los no creyentes. Por eso, como seguidor de Cristo, sufriré siempre la indignidad de otros a causa de mi amor por Él. Ésta es la cruz que llevo y estoy orgulloso de ello. Él, Mi Salvador, murió no sólo por mis pecados sino también por los vuestros.

 

Cuando ellos se jacten orgullosamente de ser agnósticos o ateos, decidles esto. Preguntadles si se sentirán diferentes cuando su vida en esta tierra se acerque a su fin. Entonces dadles este consejo. Que recuerden en su lecho de muerte esta oración de la Divina Misericordia, aunque todavía no estén seguros. Abrid vuestros corazones y pedid a Mi Padre Eterno que les perdone. Acordaos de Mi promesa. Como juez, y también como vuestro Salvador, Yo perdonaré. Hasta el momento en que Mis hijos den su último suspiro en esta tierra. Decidles que recen mucho para que puedan abrir sus corazones aunque sea sólo una vez.

 

La oración conduce a Mis hijos más cerca de Mi Reino en la tierra, cuando el Cielo y la Tierra se unan. El poder de la oración sólo se entenderá correctamente cuando Mis hijos abran su corazón y clamen. Pedid, y si es la voluntad de Dios, vuestras oraciones serán oídas.

 

Nunca neguéis a vuestros hijos el Sacramento del Bautismo

Finalmente, rezad por los niños pequeños, vuestros hijos e hijas y los jóvenes del mundo. Cada uno de ellos merece que se le enseñe la verdad. No se les ha enseñado la verdad del amor de Dios ni se les ha dado orientación por sus padres, debido a la oscuridad espiritual que ha existido en la tierra en las dos últimas décadas. Aunque vuestra propia Fe sea débil, no eludáis el deber como padres de darles acceso a los sacramentos, especialmente el Bautismo. Nunca os atreváis a negar este sacramento tan importante a vuestro propio hijo. Muchos padres que se mantienen orgullosamente firmes mientras proclaman sus incrédulos puntos de vista están dañando las almas de sus hijos.

 

Proporcionad a vuestros hijos el don de los sacramentos. En su momento, ellos o bien os lo agradecerán o bien me negarán a Mí. Eso dependerá de ellos. Negadme vosotros si tenéis que hacerlo, pero no me robéis las almas de Mis hijos. Vosotros podréis ser sus padres en la tierra, pero ellos son los hijos de Mi Padre Eterno, el Creador y Hacedor de todas las cosas. No tratéis de llevároslos a las tinieblas con vosotros. Recordad de nuevo que a pesar de vuestras propias creencias, Yo os amo a todos.

 

Vuestro Divino Salvador y Juez,

Jesucristo, Hijo del Padre Eterno

 

Llamad a todas las Iglesias y Credos a unirse contra el mal

Domingo 21 de noviembre del 2010 a las 15:00 hrs.

 

Iglesias del mundo, escuchad Mi llamada. Todos vosotros, Mis hijos y seguidores, me pertenecéis. Muchos de vosotros interpretáis las enseñanzas de vuestra iglesia y de Dios el Creador de la humanidad. Esto es bueno. Muchos interpretáis las enseñanzas de Mi Padre Eterno de diferentes maneras. Esto ha sucedido desde el principio de los tiempos con las interpretaciones de los profetas.

 

Mis profetas interpretaron las enseñanzas de Dios según la forma en que recibieron el mensaje. Algunas de las palabras de los profetas han sido manipuladas. A todos Mis profetas se les dio la verdad. No todos los profetas consiguieron asegurarse de que sus seguidores permanecieran en el camino hacia la Vida Eterna.

 

Todos los caminos llevan a Dios, el Creador de la humanidad. Los seguidores de Dios interpretan las enseñanzas de diferentes formas, lo que lleva a confusión. Una vez que se instala la confusión, podéis estar seguros de que la única forma de proceder es simplificar la Fe. Simplemente, creed en vuestro creador y honradle.

 

Yo llamo ahora a todas las iglesias, religiones y credos que hay en mundo a orar por la humanidad y por los que no tienen Fe. El amor de Dios no tiene nada qué ver con la destrucción de la vida. Ningún hombre tiene el derecho a quitar la vida en Mi Nombre o en el de Mi Padre Eterno. Por el contrario, estad juntos y unidos en el amor por vuestro Creador y contra el rostro del mal a medida que éste emerge rápidamente a vuestro alrededor.

 

Hijos Míos, dejadme recordaros la ley de Dios. Los Diez Mandamientos os fueron enviados por Mi Padre Eterno a través de Moisés, su profeta más santo y piadoso. Estos mandatos se pensaron para instruir a los hijos de Dios en la forma en que le deben rendir homenaje para guiarles a la Verdad. Mucha gente ha olvidado esto hoy. Y los que no lo han hecho rara vez consideran lo que realmente significa. Los que no entienden los Diez Mandamientos han optado por interpretarlos de una forma muy diferente a la verdad. A ésos les digo, por favor, leed los Diez Mandamientos y escuchadlos, o arriesgaos a enfrentaros a la ira de Dios. Su significado no debe ser diluido siguiendo un falso amor, falsa compasión o justificando el pecado, contrariando lo que dicen.

 

El primer Mandamiento os dice que adoréis sólo a un Creador, Mi Padre Eterno, y que evitéis la idolatría. No obstante este primer Mandamiento ha sido despreciado en favor de falsos dioses. Por falsos dioses no entiendo necesariamente personas en altos puestos o los que se exaltan a sí mismos para que vosotros, hijos, caigáis en éxtasis a sus pies. Sí, ésta es una ofensa y profundamente insultante a los ojos de Dios. Pero la idolatría a la que me refiero ahora es el amor de la humanidad al poder y el dinero, que puede llevar a Mis hijos a una desesperación vacía. La desesperación lleva al quebrantamiento de otras normas. El pecado de la obsesión por uno mismo, el deseo de buscar vuestro propio camino en la vida, a expensas de vuestra alma, será vuestra perdición. El amor por uno mismo no es amor, es vanidad. Sin embargo es una doctrina popular hoy en día. Vosotros estáis exaltándoos y negando a Dios bajo el disfraz de la falsa compasión. Vuestra falta de humildad traerá consigo la destrucción. Cuando os anteponéis a los otros, ellos y otras personas sufren por eso. Este mandamiento no debe nunca quebrarse. El razonamiento humano que se usa para justificar un pecado es un absurdo.

 

Obsesión por la celebridad

La gente joven que ha vivido sin orientación está siendo arrastrada al abismo de la idolatría, como es muy fácil de ver por todos. Los nuevos ídolos que la juventud adora en su mayor parte no son de la luz. Muchos han vendido sus almas al Diablo, algo de lo que ellos mismos se jactan.

 

Mediante sus palabras y su música ejercen un atractivo hipnótico convenciendo a Mis hijos de que ése es el verdadero camino a seguir. Su atractiva inmoralidad alienta a sus seguidores a emularles. Cuando Mis hijos les siguen, deniegan la luz, y también ellos son arrastrados por las tinieblas eternas. La obsesión por la celebridad en el mundo de hoy les supone a Mis hijos estar ansiosos todo el tiempo, luchando por alcanzar las mismas alturas que los que siguen al Seductor dicen disfrutar.

 

Venid ahora, todos Mis hijos de todas las iglesias y credos. Uníos y luchad por el derecho a creer en Dios, el Padre Eterno. El derecho a amarse unos a otros. El derecho al amor puro. El amor de Dios, el Padre Eterno, Creador del Cielo y de la Tierra.

 

Vuestro Amante Salvador y Justo Juez, Jesucristo